Participación de la Mg Julia Córdoba en las VIII Jornadas de Prevención de Abuso Sexual Infantil
junio 16, 2017
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Nota en La Voz del Interior sobre crisis vinculares a la Mg Julia Córdoba.

Compartimos la nota realizada por Rosana Guerra a la Mgster Julia Córdoba sobre "Relaciones saludables". Esta nota fue publicada en el diario "La Voz del Interior" de la provincia de Córdoba el día 10/09/2014.

El enlace a la nota original es http://www.lavoz.com.ar/salud/crisis-vinculares-tenemos-que-hablar.

Relaciones saludables. Lograr una buena comunicación y aprender a alcanzar consensos con el otro es fundamental para fortalecer la pareja. Comprender los sentimientos propios, ponerlos en palabras y explicar qué se espera del otro es clave. Cuándo y por qué se producen los quiebres.

Los problemas de comunicación en la pareja, además de provocar malos entendidos, asperezas y situaciones incómodas, pueden generar crisis vinculares y en algunos casos hasta rupturas definitivas. Aprender a expresar lo que uno siente y buscar consensos con el otro, contribuye a mantener una relación más saludable.

“Dialogar sobre lo que le pasa a uno y no sobre lo que se piensa del otro es un paso importante. También es recomendable conversar sobre lo que se espera que suceda, en vez de dejar que el otro averigüe o invente acerca de las necesidades de uno”, recomienda Julia Córdoba, especialista en Psicología Clínica, terapeuta familiar y de pareja de la Fundación Instituto Universitario en Ciencias de los Sistemas Humanos (Fundaif).

Saber comunicar lo que se espera del compañero y evitar hacer supuestos, “así como preguntar sobre lo que se tenga dudas sin pensar que se pone en peligro la relación, es clave”, agrega Córdoba, quien además es formadora de terapeutas de pareja.

Generalmente, en el consultorio surgen consultas sobre padecimientos individuales pero en relación con la pareja. “Esto lleva a que cada uno genere una demanda de tratamiento individual”, indica David González, licenciado en Psicología e integrante del Programa de Investigación Ética, Discursos y Subjetividad del Centro de Investigaciones y Estudios Culturales y Sociales (Conicet y UNC). “Las mujeres se quejan de que su pareja no es demostrativa, que ‘es fría’, lo que las lleva a preguntarse por el amor, si realmente su pareja las ama. Y esto deviene en una exigencia tan insoportable para él como para ella”, ilustra. “Pero también está la queja de que el hombre no es lo suficientemente hombre, que no se hace cargo de la pareja, de los hijos, que está más atento al trabajo o a alguna otra actividad”, grafica. En el caso de los hombres, esta queja se traduce en una exigencia que los empuja a enfrentarse con un “no poder ser” lo que se supone que debería ser o lo que ella quiere.

Es importante también poder manifestar al otro los sentimientos y sensaciones, romper el mito caracterizado por la expresión “me conoce y sabe mis necesidades”, o el de “estar en desacuerdo o discutir destruye la relación”. “Hay que saber discutir, la pareja debe ser capaz de averiguar los deseos, pensamientos y emociones del otro, permitirse dialogar y generar reflexiones, en una palabra: comunicarse”, propone la licenciada en Psicología María Laura Barros.

Mantener una comunicación clara y honesta con el otro y encontrar formas no defensivas de expresarse es una vía que puede facilitar la empatía. De lo que se trata es de tomar contacto con el estado interno de la otra persona, sintiendo lo que el otro siente y tratando de ponerse en el lugar del otro.

¿Ceder o consentir? Las creencias que ponen obstáculos a una pareja están vinculadas con el estereotipo de la pareja siempre feliz, perfecta e ideal. “Cuando se elige una pareja por el ideal, porque él es el más exitoso, o ella la más linda, seguramente resultará en un fracaso, debido a que lo que se elige es un ideal de sí mismo proyectado en el otro”, señala González.

Lo que sucede –explican los psicólogos– es que luego de la etapa del deslumbramiento puede sobrevenir una profunda desilusión, una caída del enamoramiento, con lo cual habrá que ver si algo nuevo puede surgir que mantenga el vínculo o no. El amor conlleva también un saber sobre la manera de funcionar del otro, sus gustos, defectos y padecimientos. Y también los de uno.

Un vínculo amoroso funcionará sólo si se logra consentir todo esto que opera en el otro. El consentimiento no significa un tormento o un suplicio. “Hay formas de vincularse que acarrean necesariamente el tormento de alguno de los dos o ambos pero que, sin embargo, no pueden separarse por la cara de satisfacción que conlleva el síntoma”, reflexiona González.

El consentimiento es aceptación y no resignación. Si el ceder para sostener una relación acarrea sufrimiento entonces no es un verdadero consentimiento, es en cambio una resignación, muy cercana al sacrificio. “Siempre algo se debe ceder ante el lazo con el otro, lo cual en la época actual se dificulta cada vez más, ya que a veces los lazos son más virtuales”, analiza González. Pero en el encuentro con el cuerpo del otro siempre hay algo que en los lazos virtuales no se juega, que es la diferencia, la alteridad, el modo de “funcionar” diferente del otro.

La pareja es el espacio de mayor intimidad en las experiencias humanas, es el lugar donde me emociono con el otro y me reconozco humano no por lo que pienso que soy, sino por lo que el otro (mi pareja) me hace sentir que soy.

“Las emociones son fundamento central en la condición humana. Vivimos una cultura que nos adiestra a negarlas, a disimularlas, a esconderlas y a disfrazarlas, legitimando que en alguna medida el amor en la pareja genera sufrimiento y entonces empastamos el campo relacional”, reflexiona Julia Córdoba.

El problema se genera cuando aceptamos un mandato cultural que no nos enseña a reconocer las emociones y ponerles nombres: enojo, deseo, incertidumbre, alegría, desaliento, bronca o pasión. En su proposición, el amor no es una cualidad, o regalo o virtud, el amor consiste en una conducta o clase de conductas a través de las cuales me permite expresarme en mi condición humana.

“Amar nunca es igual a tolerar, cuando tolero solo dejo que esa persona diga su verdad sin yo aceptarla dentro de mi realidad y eso al final crea mayores conflictos, que dañan la relación y puede llegar a romperla”, agrega Córdoba. Uno de los puntos a tener en cuenta que puede influir en la calidad de la comunicación, es “la relación de poder” – patrón de dominación y sumisión– el modo y las resoluciones que se toman son un equivalente del reparto del poder en la pareja. Por eso los objetivos de ambos tienen que conjugarse, negociarse y coordinarse para luego tomar decisiones.

Los especialistas consultados coinciden en la importancia de generar espacios de intimidad para expresar sentimientos profundos, apoyarse en el otro y dialogar. Reconocer las emociones negativas como los celos, miedos, ira, inseguridad, y transformarlas en emociones positivas que inspiren seguridad, estima personal y alegría es una opción saludable. “Negociar en vez de confrontar. Encontrar acuerdos aún en los desacuerdos, aprender a pedir perdón y disfrutar de la compañía del otro”, agrega Barros.

Promover espacios e instancias para realizar actividades placenteras compartidas, sin dejar de lado el espacio personal e individual de cada uno, es otra de las recomendaciones para mejorar el vínculo con la pareja.

Para evitar discusiones es importante disminuir la hostilidad y empezar por entender qué es lo que realmente nos molesta y cómo podemos hacer para llegar al otro desde un lugar donde la comunicación resulte saludable y no ofensiva.

“Centrarse en lo actual y puntual. Evitar irse por las ramas, generalizar, o sacar a colación el pasado”, dice Córdoba.

La experiencia del terapeuta

Julia Córdoba y Gustavo Heredia están casados hace 28 años. A los tres meses de conocerse decidieron casarse y un año después lo concretaron tras organizar el casamiento, la fiesta, el viaje y los muebles para su casa.

Córdoba asegura que la mayor riqueza de la relación es la lealtad y el respeto que los une. Pero reconoce que si alguna vez se dijeron alguna palabra ofensiva tomaron las medidas para repararla.

Admiten que la premisa clave para afrontar la relación de pareja es que toda crisis es una oportunidad de cambio. “Una crisis indica que hay cosas que debemos cambiar y pasar por ellas fortaleció la relación”, señala Córdoba, quien también es terapeuta de pareja y de familias.

La pareja asegura que en estos 28 años de estar juntos tuvieron que superar momentos muy difíciles. “La enfermedad de nuestros padres y la renuncia a vivir que hizo un amigo, fueron momentos muy complicados”, reconoce Heredia.

Asimismo, la pareja agrega que fue un desafío para ambos afrontar el crecimiento de sus hijos, Pablo (24) y Candelaria (18), y particularmente la adolescencia. “Cuando entraron en esta etapa tuvimos que aceptar y apoyar sus procesos. Es muy complejo porque ellos se manejan con niveles de información y accesos que no hubo en nuestras adolescencia y esto nos provoca cortocircuitos”, señala Julia. “Ellos buscan sus autonomías y nosotros vamos recuperando nuestros espacios de pareja; paseamos juntos, estamos con los amigos, viajamos solos; es como volver a descubrir lo maravillosa que es la vida cuando la afrontamos de a dos”, finaliza orgullosa Córdoba.

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